Fr. Lino Dolan Kelly, O.P.

La quinta Bienaventuranza

BIENAVENTURANZA DE LA MISERICORDIA

 

Esta bienaventuranza presenta gran afinidad con la de la mansebumbre. Mientras el núcleo de la mansedumbre es la humildad de corazón, lo de la misericordia está concebido comocompasión de corazón. La mansedumbre refleja la actitud de uno mismo referente a la forma que los demás lo traten; la misericordia pone énfasis en nuestra forma de tratar a los demás. La mansedumbre es una forma de humildad que se apoya en la caridad; la misericordia es formalmente la misma caridad, apoyado en la humildad.

En esta bienaventuranza, la palabra griega usada (eleo) designa tanto la compasión como la misericordia. No es tanto el sentimiento que tiene personas sensibles al sufrimiento de los demás como los actos concretos que resulten de estos sentimientos. Ser misericordioso equivale a practicar la misericordia y no solamente sentir compasión.

Mateo, al hablar de la misericordia, refiere a dos actitudes principales: disposición a perdonar y motivación para ayudar a los demás.

 

Realmente, la historia de la salvación es la revelación de la misericordia divina. La misericordia es el atributo de Dios más subrayado en el AT. En el NT se utiliza solamente para describir a Jesús en su función de sumo sacerdote (Heb 2, 17).

La esencia de la naturaleza divina es el amor: 1 Jn 4, 19; Os 11, 1; Dt 4, 37. La misericordia, entonces, es el atributo primordial de Dios en el AT. Yavé es un Dios misericordioso. A través de los textos sagrados, se promete una efusión de misericordia del todo singular para el futuro escatalógico, cuando comience el mundo nuevo. En esta línea, está la doctrina de esta bienaventuranza.

En los primeros textos bíblicos, se conjuga la misericordia con la justicia vengativa; sin embargo, prevalece el concepto de la bondad de Dios sobre lo del castigador (Ex 34, 6 - 7; Sal 30, 6). MISERICORDIOSO es el nombre propio de Dios. El misericordioso es el que tiene misericordia, un sentimiento que conmueve las entrañas.

El hombre bíblico quiere hacernos saber que Dios es misericordioso, que Dios se estremece, que Dios se emociona. (Sant 5, 11). La ternura de Dios es como la de una madre. La mujer, por su naturaleza, está destinada a manifestar la ternura - misericordia de Dios; como la ternura es la natural actitud de la madre para con el hijo necesitado de ayuda, así, Dios tiene compasión con el pecador. Un viejo proverbio talmúdico dice que Dios, no pudiendo estar en todas partes, creó la madre.

 

¿Puede Dios sufrir? Para la metafísica griega, sufrir es una imperfección. Como en Dios, no hay imperfección, es imposible que Dios sufra. Sin embargo, Dios mismo nos ha revelado el misterio de su misericordia que es compasión, es decir, la capacidad de sufrir - con otros en su sufrimiento.Yavé sale de sí mismo y entra en su pueblo elegido. Su «ser» se convierte en « estar con» y pone su interés en su alianza con Israel.

Quizás el pensamiento de J. Moltmmann nos puede ayudar a enfrentarnos con esta pregunta fundamental para el cristianismo:

«Entre el sufrimiento involuntario causado por otro y la imposibilidad sustancial, hay otras formas de sufrimiento, o sea, el activo, el de amor, en el que uno se abre libremente para ser alcanzado por otro. Existe el sufrimiento involuntario, además el aceptado y también el de amor. .... Quien puede amar, es también pasible, pues se abre a si mismo a los sufrimientos que acarrea el amor, siendo superior a ellos, por la fuerza de su amor.»

«Dios es amor» (1 Jn 4, 8.16) El amor es el atributo que mejor da a conocer la naturaleza divina, el que Dios ha manifestado mejor en la vida de los hombres. Según el testimonio del AT Dios libremente y por la sobreabundancia de su amor ha hecho una opción por el hombre, se ha comprometido con él y con su historia y ha querido ser afectado por las vicistudes de los elegidos - amados. Es un Dios que sufre con el pueblo y por el pueblo, porque lo ama. Sus entrañas se conmueven por Israel, en una extraña, pero admirable, mezcla de amor y dolor salvíficos (Jer 31, 20; Os 11, 7 - 9)

Hablar así de Dios, como Él que sufre, que se alegra, que escucha, técnicamente, cae en la categoría de antropomorfismos, es decir, atribuir a Dios lo que es característico de los hombres. Este no quiere decir que se presenta imágenes falsas de la realidad. Los "antropomorfismos" del AT no pretenden "humanizar" a Dios. Más bien, intentan traer al Dios viviente más cerca al hombre. Tiendan a que el hombre no conciba a Dios como una idea abstracta, como un ser lejano y despreocupado de él o como un ser que permanece indiferente ante su situación del pecado.

El antropomorfismo encierra una riqueza superior al sentido que, primariamente, nos puede venir del término. Es una revelación, al modo humano, que si bien esconde las profundidades del misterio de Dios, al mismo tiempo, de algún modo, las manifiesta y revela.

Sin embargo, es en el NT que comenzamos a entender los extremos de ese amor de Dios y el sufrimiento voluntario que asume para el beneficio de sus amados. Al contemplar la incomprensible dimensión que asume el compromiso - libre y amoroso - de Dios con el hombre en la Encarnación del Verbo y en la «locura de da cruz», tendremos que afirmar que Dios ha querido dejarse afectar por la historia del hombre y, con el amor compasivo del Padre, comparte el sufrimiento de sus hijos.

 

A la luz de estas situaciones divinas, los autores sagrados desarrollan el tema de las exigencias de la misericordia: los hombres deben mostrarse misericordiosos, como hace Dios. La misericordia divina entraña una obligación para el hombre que ha de conformarse a la conducta de Dios.

Jesucristo proclamaba constantemente la misericordia: con sus palabras, que explican sencillamente su doctrina; con la actuación de vida toda, que llega a una culminación que sobrepasa todos nuestros esquemas mentales - ¡no solamente perdona a los que lo han maltratado sino los excusa por no saber lo que hacen!

(Lc 23, 24).

 

La lección de esta bienaventuranza es que la misericordia de Dios es un ejemplo a seguir. Si queremos que Dios sea misericordioso con nosotros, tenemos que ser misericordiosos con los demás, hasta con nuestros enemigos. La misericordia no es un simple sentimiento; es una práctica que debe traducirse en algo positivo: compartir con el necesitado, condescendencia con el débil, perdón al que nos ha injuriado, servicio al prójimo, disponabilidad, solidaridad y compromiso eficaz con el prójimo.

Las parábolas del buen samaritano (Lc 10, 25 - 37) y del juicio final (Mt 25, 31 - 46) son paradigmas de esta doctrina.

La actuación más propia de la misericordia es perdonar a los que nos ofenden y nos hacen sufrir. Nuestro perdón total para el resto de los hombres se tornará en perdón completo para nosotros (Mt 6, 14 - 15). Los santos no juzgan, ni condenan a los demás; los comprenden, los aman y actúan así porque son conscientes de que si no fuera por la gracia de Dios posiblemente ellos serían peores pecadores: al mirar al desgraciado, todos podemos decir, con toda sinceridad - si no fuera por la gracia de Dios, allí voy yo.

Esta actitud se manifiesta claramente en la parábola del serviente sin entrañas (Mt 18, 23 - 35). Misericordia, en la bianaventruanza, signfica principalmente misericordia-perdón. Toda forma de caridad en relación al prójimo cae dentro de esta misericordia. El camino de la misericordia es extramedamente realista. Nos arranca de la tentación de un amor universal y abstracto y nos ubica en medio de las personas concretas, con nombres y apellidos, cuyas vidas tocan la nuestra.

 

Esta bienaventuranza nos ayuda a traducir el mandamiento en acción y no refugiarnos en abstracciones escapistas. Cuando recordamos que todo lo que tenemos, tenemos como don de Dios - nuestra inteligencia y nuestra memoria continuamente deben reflejar nuestro agradecimiento al Dios misericordioso y animarnos a ser más misericordioso y compasivo con los demás.

 

La religión cristiana se presentó - y debe seguir presentándose - al mundo como amor. Los cristianos debemos vivir esta bienaventuranza para identificarnos con Jesucristo y, para que en nosotros otros puedan identificar a Jesús. San Bernardo dijo: «si la misericordia fuera un pecado, me sería imposible no cometerlo». El triunfo final de los elegidos, por haber ejercido toda clase de misericordia, viene a ser el glorioso cumplimiento de esta bianventuranza (Mt 25, 34 - 40).

Cuando nos miren desde afuera, creyentes y no creyentes, ¿ pueden decir, como los paganos que vivían con los primeros cristianos, Miren a los cristianos, como se aman?

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