SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS

Día 6 de enero.

Los cristianos han venerado siempre de una forma especial el nombre del Señor Jesús, proclamándolo en su vida y con su propia vida.

En la tradición monástica cristiana oriental y dentro de su modo de contemplación imperturbada, se daba ya la consideración o contemplación íntima del nombre de Jesús. En la tradición cristiana occidental esta contemplación se manifiesta en determinadas formas de piedad popular, sobre todo en relación a la celebración de la Navidad. Después del siglo XII es piedad se desarrolló con fuerza y gran fervor en los ambientes monásticos y de ellos han llegado testimonios de gran lirismo y sentimientos, como lo expresa el himno “Iesu, dulcis memoria” y otros. San Bernardo es uno de los principales exponentes de esta devoción.

 

Desde los mismos inicios de la Orden de Predicadores se dan a ella muchos frailes que profesaron un amor especial al dulcísimo nombre del Salvador. Se cuenta que Santo Domingo tenía siempre en sus labios este nombre tan santo y en sus viajes cantaba, entre otros himnos el “Iesu, nostra redemptio”, además de la “Salve Regina”, el “Ave, maris stella”, y el “Veni, creator Spiritus”. Por gracia de Dios santo Domingo habló la lengua alemana para poder dialogar con sus compañeros de viaje sobre el Señor Jesús. El MO beato Jordán de Sajonia cuenta que fray Enrique, originario de Maastricht (Holanda) y amigo y compañero suyo en la vocación dominicana, siendo prior de Colonia el año 1229, predicaba la devoción al nombre de Jesús de forma que, cuando los fieles oían en la iglesia o en la predicación este nombre santo, se despertaban en ellos sentimientos de devoción y reverencia.

 

El papa Gregorio X, que se había formado en  París con los grandes maestros de la Orden Dominicana, con una bula el 20 de septiembre del año 1274, encargó oficialmente a los frailes Predicadores la promoción de la alabanza y veneración del santísimo nombre de Jesús. El MO beato Juan de Vercelli, que gobernaba en ese tiempo la Orden, fue uno de los promotores más fervientes de esta devoción y en una cata encíclica la recomienda a toda la Orden. Esta predicación de la devoción al santo nombre de Jesús se refuerza en las nuevas formas de piedad franciscana, de tal forma que el siglo XIV se da ya una gran abundancia de escritos y formas de esta devoción. En la promoción de esta devoción destacan particularmente la obra y la piedad del beato Enrique Seuze, así mismo también Santa Catalina de Siena y el Beato Juan de Vicenza, fueron apasionados devotos de este Santo Nombre. 

 

La cofradía del Santísimo Nombre de Jesús es creación de los frailes dominicos. Se considera como primera la que fray Andrés Días creó en Portugal el año 1423. También, entre otras, consta la cofradía fundada por fray Diego de Vitoria en Burgos el año 1564. Cuando el papa Pío IV, encarga de nuevo oficialmente a la Orden de Predicadores la promoción del culto al santo nombre de Jesús, aumenta en la Orden la predicación y organización incansable de esta devoción.

 

Los formularios litúrgicos de la veneración al nombre de Jesús aparecen ya en el siglo XI y aumentan en el siglo XIV. Los Dominicos, en la revisión de la liturgia hecha por el MO fray Antonino Cloche, incorporan esta fiesta a su calendario, celebrándola el 15 de enero. La fiesta se integra al calendario romano universal el año 1721 en ese mismo día, hasta que en el año de 1923 pasó a celebrarse en toda la iglesia el 2 de enero.

Antes de este tiempo la tradición de la Iglesia celebraba este misterio en unión a la fiesta de la Circuncisión del Señor la octava de Navidad, como aún consta en el calendario universal romano el año 1721 y se comprueba en la Orden dominicana por el capítulo general celebrado en el año de 1615 en Bolonia. En la celebración del primer día de enero, octava de Navidad, hoy la solemnidad de la Virgen María Madre de Dios, también actualmente como en el pasado, se recuerda el misterio del nombre de Jesús. En el misal romano y en el dominicano actual se propone, además, la celebración de la misa votiva del Smo. Nombre de Jesús.

 

El año 1589 la Orden de Predicadores recibió el privilegio de celebrar la procesión del santo nombre de Jesús cada segundo domingo de mes.

Las constituciones actuales, como ya se expuso anteriormente, recomiendan la atención y desarrollo de la cofradía del Santo Nombre de Jesús, que tiene una especial vigencia en América del Norte.

 

En el “Propio O.P. de la Liturgia de las Horas” se presenta actualmente un Oficio votivo para la celebración del santo nombre de Jesús, que se puede celebrar comunitariamente o en privado el 3 de enero o en otro día, sobre todo como celebración del propio patrono o del título de alguna iglesia. Este Oficio litúrgico actual del Propio de la Orden de Predicadores no es una repetición de las celebraciones del ciclo navideño, que considera sobre todo el misterio de la reconciliación que Cristo ha traído a la humanidad, sino que se propone considerar con mayor intimidad la salvación recibida, despertando en los fieles sentimiento de agradecimiento y gozo para con Dios en la proclamación que los dominicos hacen del Evangelio de la paz.

Las lecturas que se proponen en este Oficio son muy expresivas, tanto la que se ha tomado del opúsculo atribuido a santo Tomás, “De humanitate Christi”, sobre la eficacia del nombre de Jesús, como ya se afirma en la “Suma Teológica”, como en otra lectura, tomada de una Carta del beato Enrique Seuze, que es más devocional y llena de sentimientos. Se cuenta del beato Enrique Seuze que había impreso a fuego en el propio pecho el anagrama del santo nombre de Jesús.

 

Este Oficio votivo es muy expresivo sobre todo en sus himnos, en la riqueza de sus antífonas y por las melodías gregorianas propias de la Orden. Todo él es una manifestación de como santo Domingo y otros santos y miembros de la familia dominicana han contemplado y manifestado el misterio pascual del Señor en su propia vida.

 

Por lo tanto nada se ha perdido en la actualidad de la tradición espiritual de la Orden dominicana para las nuevas generaciones en la tradición dominicana vivida en su liturgia.

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