JUSTICIA Y PAZ

Noticias a nivel mundial de la Orden de Predicadores

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   » Año 2015

 

 

 

 

La presencia de la Orden en las Naciones Unidas

Estimados hermanos y hermanas,

 

Reciban un saludo fraterno desde Roma. 

 

Muchos de ustedes saben que el Maestro de la Orden, Fray Bruno Cadoré, me nombró el pasado mes de enero para suceder a nuestro hermano Olivier Poquillon como Delegado Permanente de la Orden ante las Naciones Unidas. El proceso para trasladarme desde Sudáfrica y para organizarme en Roma ha sido más largo y más lento de lo que yo esperaba sobretodo porque ¡he tenido que aprender muchas cosas nuevas! Por eso, pidiéndoles disculpas por esta demora, me pongo en contacto con ustedes para presentarme, para exponer lo que estoy haciendo y para explorar cómo podemos seguir colaborando en la misión de la Orden a nivel internacional.

 

Fray Olivier fijó su sede en Ginebra (como su predecesor, Philippe Le Blanc). Sin embargo, se decidió que yo debería fijar mi residencia en Roma para permitir que nuestra misión en las Naciones Unidas esté más integrada con la labor del Consejo General. Es posible que, a la larga, yo permanezca la mayor parte del tiempo en Ginebra dado que este Centro de Naciones Unidas tiene la concentración más grande de organizaciones internacionales y facilita más el contacto con las delegaciones gubernamentales. Todo dependerá de los temas que, como Orden, queramos asumir. A partir de ello, se determinará desde cuál(es) centro(s) de la ONU se puede desarrollar mejor esta labor. En este sentido, Olivier estableció bases sólidas y una dirección desde las cuales yo comienzo mi labor. Por eso, este año he comenzado a visitar la mayoría de los distintos Centros de la ONU (Nueva York, Viena, París, Nairobi) para comprender con mayor claridad los mecanismos que ofrece cada uno de ellos e identificar cuáles que pueden ser útiles para los temas que nos interesan.

 

El mandato que se me ha dado es ayudar a la Orden a predicar de manera más eficaz a las naciones (gobiernos). Es una parte integral de nuestra misión evangelizadora:  llevar la Buena Nueva de Jesús (la justicia, el perdón, la sanación y la libertad) a los pobres, a los delincuentes, a los afligidos y los oprimidos (Lc 4,18). El punto de partida para la contribución de nuestra delegación de la ONU a este proceso evangelizador es estar en comunicación constante con todos nuestros hermanos y hermanas, de modo que todos ellos sean conscientes de que contamos con este instrumento para entrar en diálogo a los más altos niveles y para abordar cuestiones que resultan difíciles de tratar a nivel local o nacional. Por eso, para mí es importante estar informado de lo que los hermanos y hermanas están desarrollando en el terreno y de los desafíos u obstáculos que encuentran para la realización de su misión y que requerirían una intervención a nivel internacional. Por eso, nuestra presencia en la ONU debe estar conectada de modo integral con lo que todos ustedes están haciendo sobre el terreno. Siguiendo el principio de subsidiariedad, nos centraremos en realizar a este nivel lo que no es posible a nivel local.

 

Ya he recibido solicitudes de apoyo a las iniciativas de  hermanos y hermanas en su trabajo con indígenas marginadas, víctimas de accidentes nucleares, refugiados de zonas de guerra, defensores de derechos humanos amenazados o detenidos, víctimas de la intolerancia religiosa y migrantes marginados. Además de estas cuestiones, en los últimos años la delegación se ha centrado en temas como el desarrollo sostenible, los derechos del niño y el derecho a la educación. Debido a la realidad de las guerras que nos afecta en tantos lugares, de la pobreza generalizada y de la explotación económica destructiva en el mundo, pienso que puede ser importante que nos comprometamos con las cuestiones del desarme y la limitación del poder de las empresas transnacionales (en relación la minería, el acaparamiento de tierras, el comercio de armas, etc.). Dada nuestra capacidad limitada no podremos hacerle frente a todo. Por eso, tendremos que identificar prioridades claras. Espero que me ayuden a identificar estas prioridades con mayor precisión haciéndome saber los temas en los que tanto ustedes como nuestros hermanos y hermanas están comprometidos y que requieren nuestra intervención.

 

También voy a hacer mi mejor esfuerzo para compartir información con ustedes acerca de lo que está sucediendo a este nivel de manera que todos puedan ver cómo se relaciona con su realidad local. Esto requerirá mejorar nuestro uso de los medios de comunicación. Este será un gran reto para mí y voy a necesitar mucha ayuda ya que mis capacidades en este sentido son limitadas.

 

Para hacer frente a estas y otras cuestiones que surgirán, debo conformar un equipo que tenga la cualificación necesaria. Espero que todos ustedes me ayuden a identificar personas con la pasión y las capacidades para ser parte de dicho equipo. Igualmente, colaboré de cerca con nuestra hermana, Margaret Mayce, que trabaja en la ONU en Nueva York.

Les pido todo su apoyo y su colaboración para nuestra presencia en la ONU y en otras organizaciones internacionales eficaces y útiles en la promoción de nuestra misión común global. Quisiera pedirles que me puede ayuden en cuatro aspectos:

 

1. Transmitiendo o enviando esta carta a los demás dominicos y dominicas (clérigos, religiosos o laicos) de su entidad (pidiéndoles también que respondan a las solicitudes 3 y 4).


2. Identificando a una persona que pueda ser un contacto regular entre su entidad y nuestro equipo de las Naciones Unidas.

 

3. Enviándome  y pidiendo a otros que me envíen sus historias contando lo que está haciendo en el terreno y explicando cuáles son los obstáculos que encuentran y que requieren nuestro apoyo a nivel mundial.

 

4. Invitando a algún hermano o hermana que está dispuesta a invertir tiempo y energía en nuestro trabajo de las Naciones Unidas (a través de la investigación, siguiendo temas específicos, brindando apoyo tecnológico, siendo parte de un grupo de expertos, etc) a que se ponga en contacto conmigo: mike.deeb@un.op.org .

 

Les agradezco por su atención. ¡Que Dios bendiga la importante labor que cada uno de ustedes está adelantando! No olviden orar por mí y por esta misión que se me ha confiado.

Espero con interés recibir noticias suyas.


Su hermano,

Mike Deeb OP

 

(25 de junio de 2014)

 

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