CONSEJOS PARA DESCUBRIR TU VOCACIÓN

Todos los cristianos estamos llamados la santidad: “Él nos ha salvado y nos ha llamado para una vocación santa, no como premio a nuestros méritos, sino gratuitamente y por iniciativa propia. Esta llamada, que nos concedió en Cristo Jesús desde la eternidad.” (2 Tim 1,9).

 

Todo cristiano se debe preguntar ¿qué quiere Dios de mí? Tanto si tienes claro lo que quieres, o si no tienes idea de a dónde te llama Dios, aquí consejos para hallar una respuesta.

 

1º Asume tus dudas. Pueda que pienses que eres raro por cuestionarte cuál es tu vocación, pero no, no eres raro, eres un enamorado de Dios que quiere agradarle. No te recrimines si sientes que tienes dudas respecto a la vida vocacional. Al contrario, solo asumiendo tu realidad, podrás ser verdaderamente libre. ¡Alégrate, estás en el camino hacia el cielo!

2º Pide ayuda, busca un director espiritual. Ante tanta confusión, ideas y sentimientos encontrados, es normal no hallar la salida. Es comprensible si te sientes confundido, indeciso… y es por eso que es recomendable que busques a un director espiritual, un sacerdote con el que hagas un acompañamiento. Es por ello que debes pedirle a Dios que ponga en tu camino un director espiritual que te ayude a descubrir cuál es tu vocación. Si ya lo tienes, dale gracias. No dejes de rezar por él para que sea un canal limpio de la voz y amor de Dios para ti.

 

3º ¡Manos a la obra y a rezar! Asumidas las dudas, con tu director debes empezar el camino llamado “discernimiento”, es decir, pedir un corazón dispuesto y un oído atento para descubrir la voluntad de Dios para tu vida. Mediante una vida sacramental sólida y una vida de oración constante, Dios te irá revelando los pasos a dar. En estos momentos, la lectura de la Palabra es fundamental. Trata de tener una disciplina en tu vida de oración, porque así el corazón se pondrá en sintonía con la voz de Dios. Pide prudencia para ver todo de acuerdo a la voluntad de Dios.

 

4º ¡Alto, no corras! No hay por qué apresurarse. La vocación debe elegirse por convicción, no por decepción. En este discernimiento, la virtud de la paciencia es vital. San Ignacio de Loyola decía: “En tiempos de desolación, no hacer mudanza”. Por ende, si estás pasando quizá una decepción amorosa o una decepción por alguna figura de la Iglesia: detente, respira y pide iluminación a Dios. No tomes decisiones permanentes sobre sentimientos pasajeros.

 

5º No dejes que tu historia familiar sea un obstáculo para encontrar tu llamado. Aquí una de las razones más importantes de un acompañamiento espiritual. Quizá tu historia esté marcada por momentos difíciles a causa del matrimonio de tus padres o quizá tus padres no estén de acuerdo con la idea de que formes una familia basada en el matrimonio o estén en contra de los sacerdotes o religiosos… ¡No desfallezcas! Recuerda que este es un camino donde Dios te llama a seguirle, sea cual sea la vocación. Por eso, es normal encontrar obstáculos o heridas que sanar, pero si te dejas guiar por Dios, y tienes paciencia, Él te irá revelando que, a pesar de cualquier oposición o problema, con Él siempre encontrarás la felicidad.

 

6º ¡No te quedes en lo abstracto! Descubrir tu vocación es un salto de fe, se debe confiarla al Señor. No te estanques en el miedo, o en lo idealista… busca, habla. Si tu sientes que estás llamado a la vida consagrada habla con sacerdotes, religiosos y religiosas que te compartan su carisma. Busca en internet los diferentes carismas existentes. Lo genial de nuestra Iglesia es que, ¡somos ricos en carismas! Si sientes que tu vocación es la vida matrimonial, busca ejemplos de matrimonios virtuosos tanto en la historia de la Iglesia como en la actualidad. Ni el matrimonio ni la vida consagrada es un juego, asegúrate de conocer bien los compromisos de cada vocación. La única manera de quitarte la curiosidad es visitar, ir a la vida real y cotidiana.

 

7º ¡Fuera miedos! Sí, quizá es el paso más difícil, pero el más necesario. Es normal tener miedo, es un gran paso el identificar cuál es tu vocación… pero de la mano de Dios, tu director espiritual y tu corazón dispuesto, las cosas irán cayendo por su peso. Desde el momento que te des cuenta que esto es un diálogo de amor entre Dios y tú, ¿por qué tener miedo? Es Dios, tu Padre que quiere salir a tu encuentro. No dudes en pedirle su Auxilio. Él sabe que somos miedosos, sabe cuánto nos puede costar hacerle esa pregunta: ¿A dónde me quieres, Señor? Pero no tengas miedo al compromiso. Este camino es de valientes y si estás aquí es porque Dios sabe que eres capaz de vivir la radicalidad del Amor. Recuerda lo que nos dice Juan “No hay temor en el amor; sino que el amor perfecto expulsa el temor” (1 Jn 4, 18). No vivas en el miedo, vive en el Amor.

 

8º No pierdas la paz. No desistas, el camino de discernimiento puede ser difícil y hasta desierto, pero Dios está contigo, camina a tu lado y te alimenta como a Elías (1 Re 19,7). Si ves que no avanzas, respira, “ten calma contigo mismo y mira a dónde vas”. San Francisco de Sales decía: “Ten paciencia con todas las cosas, pero sobre todo contigo mismo”. ¡Ojo! Tampoco huyas de la decisión. Paciencia no es sinónimo de cobardía. (Sí, sé que es posible que dé un ataque de pánico… pero respira, Dios no se muda. Él te sigue esperando).

 

9º Ampárate de María y los Santos. No eres el primero con estas preguntas, en Nuestra Iglesia podemos encontrar tantos ejemplos – matrimonios, sacerdotes, religiosas, laicos consagrados – que pasaron por este momento en el que tú te encuentras ahora. No estás solo. Pídele ayuda a nuestra Santa Madre, que te ayude a decir como ella “FIAT”: Hágase en mi según tu Palabra.

 

10º ¡Mírate al espejo! Di a ti mismo: “Soy hijo de Dios y Dios me ama.” Él te conoce, Él te creó con amor y te llamó a la existencia para ser feliz y servirle en santidad. Mírate y descubre los anhelos más profundos de tu corazón. Si no te conoces, pide ayuda al Espíritu Santo para que te enseñe tu alma. Si sientes que te faltan fuerzas o el valor para dar el paso definitivo, no tengas miedo. Él está contigo. Santa Teresita dijo: “el buen Dios no puede inspirar deseos irrealizables, por eso puedo, a pesar de mi pequeñez, aspirar a la santidad”. La vocación no será solo para ti, sino para la Iglesia. Eres importante para Dios y para la Iglesia. Dios te llama como eres, con tus dudas, tus pecados, con tus debilidades, con tus fortalezas. Así, Así te quiere Dios. “Él te hará desear lo que Él te quiere regalar”. Ten paciencia, pídele con constancia y humildad que te revele sus planes de Amor para ti. Ponte en camino, Dios está enamorado de ti, te quiere en sus brazos y en su Sagrado Corazón. Y ese mismo Amor nos irá diciendo cuál es la vocación que nos llevará al cielo a su lado, para gloria de Él y para salvación del mundo.

 

FUENTE: https://es.catholic.net/op/articulos/67105/cat/219/10-consejos-para-descubr-tu-vocacion.html

ADAPTACIÓN: Fr. Luis Galindo,

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